¿Trabajas frente a pantallas todo el día y sientes tus ojos secos, arenosos o cansados? Tal vez ya probaste lágrimas artificiales, pero hay tanta información contradictoria que no sabes si las estás usando bien. Según estudios recientes, aproximadamente el 50% de los pacientes con ojo seco no utilizan correctamente sus gotas lubricantes debido a información errónea o mitos que circulan sobre estos productos. Hoy vamos a aclarar las dudas más frecuentes y desmentir los mitos que pueden estar afectando tu salud visual.
¿Qué son las lágrimas artificiales y cuándo usarlas?
Las lágrimas artificiales son gotas oftálmicas diseñadas para lubricar, hidratar y proteger la superficie ocular cuando nuestro sistema lagrimal natural no funciona adecuadamente. Constituyen la primera línea de tratamiento para el síndrome de ojo seco, una condición que afecta a millones de personas en Latinoamérica, especialmente a profesionales que pasan largas horas frente a pantallas digitales.
Los lubricantes oculares contienen diversos componentes que replican las funciones de las lágrimas naturales: así p.e. la carboximetilcelulosa (CMC) y el polietilenglicol (PEG) aportan viscosidad, humectación (hidratación) y mantienen el balance natural que tus ojos necesitan para mantenerse cómodos y sin ardor..
Mito 1: "Las lágrimas artificiales crean dependencia"
Realidad: Este es probablemente el mito más extendido y el que más daño causa. Las lágrimas artificiales NO crean dependencia física ni química. Lo que sucede es que cuando una persona con ojo seco comienza a usar lubricantes oculares, experimenta alivio significativo de sus síntomas. Si deja de usarlas, los síntomas regresan, no porque haya desarrollado dependencia, sino porque la condición subyacente persiste.
El ojo seco es generalmente una condición crónica que requiere manejo continuo. Es como usar lentes para ver mejor: no es que te vuelvas dependiente de ellos, sino que los necesitas para corregir un problema existente.
Mito 2: "Todas las lágrimas artificiales son iguales"
Realidad: Absolutamente falso. Existe amplia variedad de formulaciones con diferentes principios activos y mecanismos de acción. Algunas contienen carboximetilcelulosa para aumentar la viscosidad de las lágrimas, otras incluyen ácido hialurónico que mejora la estabilidad de la película lagrimal, aumentando su grosor y protegiendo la superficie del ojo, algunas emplean polietilenglicol que reduce la fricción en la superficie ocular, proporcionando alivio de los síntomas como picor, ardor e irritación.
La elección del lubricante adecuado depende del tipo y severidad del ojo seco, así como de las necesidades específicas de cada paciente. Por ejemplo, formulaciones con mayor viscosidad proporcionan protección más duradera pero pueden causar visión borrosa temporal, mientras que las de baja viscosidad son más cómodas para uso frecuente durante el día.
Mito 3: "Mientras más gotas uses, mejor"
Realidad: Más no siempre es mejor. El uso excesivo de lágrimas artificiales puede diluir los componentes naturales de tu película lagrimal y alterar el delicado equilibrio de la superficie ocular. Los estudios muestran que el volumen óptimo de una gota administrada oscila entre 5 a 20 microlitros, pero los frascos comerciales típicamente dispensan entre 25 y 56 microlitros.
La frecuencia recomendada varía según la severidad del ojo seco y el tipo de formulación utilizada. Para la mayoría de los casos, aplicar 1-2 gotas cada 4-6 horas es suficiente. Si necesitas usar gotas más de 4-6 veces al día, es importante consultar con un oftalmólogo para evaluar si necesitas un tratamiento adicional o diferente.
Mito 4: "Los conservantes en las lágrimas artificiales siempre son dañinos"
Realidad: Si bien es cierto que algunos conservantes como el cloruro de benzalconio (BAK) pueden ser tóxicos para la superficie ocular con uso prolongado, no todos los conservantes son iguales. Los conservantes modernos tienen mejor perfil de seguridad y tolerabilidad.
Las lágrimas sin conservantes son ideales para uso frecuente (más de 4 veces al día) o para pacientes con superficie ocular comprometida. Sin embargo, para uso ocasional o moderado, las formulaciones con conservantes de nueva generación son seguras y más económicas que las monodosis sin conservantes.
Mito 5: "Sólo las personas mayores necesitan lágrimas artificiales"
Realidad: El ojo seco no discrimina por edad. Si bien es más común después de los 50 años, cada vez más jóvenes presentan síntomas debido al uso intensivo de dispositivos digitales, el aire acondicionado, la contaminación ambiental y el uso de lentes de contacto.
Los profesionales entre 25 y 45 años que trabajan largas horas frente a computadoras son especialmente susceptibles. Durante el trabajo en pantalla, la frecuencia de parpadeo puede reducirse hasta un 60%, lo que compromete la distribución y renovación de la película lagrimal.
Mito 6: "Si tienes mucho lagrimeo, no necesitas lágrimas artificiales"
Realidad: Paradójicamente, el lagrimeo excesivo puede ser un síntoma de ojo seco. Cuando la superficie ocular está irritada por la sequedad, el ojo produce lágrimas reflejas (esas lágrimas que salen en exceso cuando tus ojos están irritados, pero que no hidratan de verdad) de manera abundante como mecanismo de defensa. Sin embargo, estas lágrimas reflejas tienen una composición diferente a las lágrimas basales normales: son más acuosas y menos efectivas para lubricar.
Las lágrimas artificiales ayudan a estabilizar la película lagrimal y reducir la irritación que causa el lagrimeo reflejo excesivo.
Mito 7: "Las lágrimas artificiales pueden curar el ojo seco"
Realidad: Las lágrimas artificiales son un tratamiento sintomático, no curativo. Proporcionan alivio temporal de los síntomas pero no eliminan la causa subyacente del ojo seco. El manejo efectivo del ojo seco requiere un enfoque integral que puede incluir:
Modificaciones ambientales (humidificadores, pausas visuales)
Cambios en el estilo de vida (hidratación adecuada, dieta rica en omega-3)
Higiene palpebral
Tratamientos complementarios según la causa específica
¿Cuándo consultar al oftalmólogo?
Es importante buscar evaluación profesional si experimentas:
Síntomas persistentes a pesar del uso regular de lágrimas artificiales
Necesidad de usar gotas más de 6 veces al día
Dolor ocular, cambios en la visión o secreción anormal
Enrojecimiento persistente o sensibilidad a la luz
El oftalmólogo puede determinar el tipo específico de ojo seco que presentas y personalizar tu tratamiento con la formulación más adecuada para tu caso particular.
Conclusión
Las lágrimas artificiales son herramientas valiosas y seguras para el manejo del ojo seco cuando se usan correctamente. Dejar atrás estos mitos te permitirá aprovechar mejor sus beneficios y mantener una salud visual óptima. Recuerda que cada caso es único y lo que funciona para una persona puede no ser ideal para otra.
Si experimentas molestias oculares frecuentes, no dudes en consultar a tu oftalmólogo de confianza. Un diagnóstico adecuado y un tratamiento personalizado pueden hacer una gran diferencia en tu calidad de vida y productividad diaria.
Referencias:
Wolffsohn JS, et al. TFOS DEWS III. Am J Ophthalmol. 2025 Oct 18: S0002-9394 (25) 00554-9
Amescua G, et al. American Academy of Ophthalmology. Dry Eye Syndrome Preferred Practice Pattern. Ophthalmology. 2024 Apr;131(4):P1-P49.
Jones L, et al. TFOS Collaborator Group. TFOS DEWS III: Management and Therapy. Am J Ophthalmol. 2025 Nov;279:289-386.
Material diseñado con propósito informativo y/o educativo. Contiene conceptos y/o recomendaciones generales que en ningún caso pretenden reemplazar la consulta médica. Las recomendaciones deben ser revisadas y acordadas con profesionales de la salud. La información presentada se basó en las fuentes citadas en las referencias.
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